lunes, 2 de agosto de 2010

cosmogonia griega




lo «primerísimo que nació fue Caos». Pero este término es bastante confuso y además Hesíodo dice que «nació», por lo tanto debió existir algo antes, que el autor no nombra.



En cuanto al término «Caos», los propios autores clásicos dieron sus particulares interpretaciones del mismo, con lo cual podemos pensar que ellos tampoco tenían una definición clara. Para el filósofo Aristóteles, el «Caos» era un sitio, un lugar, cuya existencia era necesaria, como nos indica en su obra Physica

Zenón, por el contario, piensa que ese «Caos» del que habla Hesíodo debe ser agua. Otra interpretación diferente encontramos en Pseudo Platón en su obra Axioco, 371E, que lo situó en el infierno.
Incluso hay algunos autores, como Aristófanes en, o Eurípides, que ven al «Caos» como un espacio, un hueco entre el Cielo y la Tierra.
Después de «Caos», apareció la Tierra. Estos dos elementos darán origen a otros: Caos engendró a Erebo (espacio situado debajo de la Tierra) y la Noche, mientras que la Tierra engendró a «Ouranos», el «Cielo». Después apareció Eros, que ya no es un elemento, ni una materia, sino que es un dios, cuya aparición es precisa para que esos divinidades anteriores puedan practicar el sexo para engendrar al resto de las divinidades.

De la unión de la Noche con Érebo, unión sexual, surgieron Éter y el Día. El Día y la Noche compartirían el espacio ubicado encima de la Tierra, mientras que el Éter se situó por encima de ellos en la parte más luminosa y elevada.
La Tierra engendró los montes y el mar, ahora sin unión sexual, pero además fue fecundada por el Cielo; de la unión con el Cielo surgió la segunda generación de dioses: los seis Titanes (Océano, el mayor de todos, Ceo, Críos, Hiperión, Japeto y, por último, Cronos, el tiempo) y sus seis hermanas (Tea, Rea, Temis, Mnemosine, Febe y Tetis). Esos titanes representan las fuerzas de la naturaleza y el último fue Cronos. Vemos aquí cómo se distinguen dos tipos de nacimientos en las divinidades: por generación «espontánea», sin relación sexual, y por fecundación, es decir: con práctica sexual. Urano no dejaba nacer a su prole, ya que mantenía esas relaciones sexuales de forma incesante y los retenía en el vientre de Gea, provocando malestar de la diosa. La Tierra también dio vida a los Cíclopes (Brontes, Estérope y Arges) y finalmente, de las relaciones entre el Urano y la Tierra, aparecieron Cotto, Briareo y Gíes, de aspecto monstruoso.

Gea, con sus hijos en el vientre, se sentía angustiada y elaboró un plan. Produjo un arma nueva y se la ofreció a sus hijos, indicándoles que su venganza era la respuesta lógica a las maldades de su padre.


Pero solamente Cronos, «de mente retorcida», se atrevió a seguir los consejos de su madre y con la hoz, castró a Urano. De la sangre caída sobre la tierra, nacieron las Erinias, los Gigantes y las ninfas de los bosques. De sus partes caídas arrojadas al mar por Crono, nació Afrodita.

Crono complació a su madre y Urano fue derrotado. Así, aunque no fuese su objetivo principal, Crono se instaló en el trono de su padre y se convirtió en soberano de los dioses. De esta forma el relato nos describe, además, cómo se produjo la separación entre el Cielo (Urano) y la Tierra, que resulta ser una manera un tanto violenta, con similitudes en otros mitos cosmogónicos (en el mito hitita, Kumarbi castró a Anu).

Crono se unió entonces a Rea y tuvo con ella cinco hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, la siguiente generación de dioses. Hesíodo nos cuenta cómo Crono, para no ser derrotado y desposeído por ninguno de sus hijos, los iba devorando a medida que nacían.

Pero las precauciones tomadas por Crono fueron inútiles, porque Rea le engañó. Así, tras parir a Zeus, Rea lo escondió en una gruta y, en vez de entregar a Crono el bebé, le entregó una roca envuelta en pañales, que éste devoró sin darse cuenta del engaño. Cuando Zeus creció obligo a Crono a vomitar a sus hermanos que estaban en el vientre de su padre. Zeus rescató de esta manera a sus hermanos, que en agradecimiento le ofrecieron el trueno y el rayo, símbolos de poder. Pero, el conflicto no había terminado, porque Crono lanzó contra Zeus a los Titanes. Se inició una larga guerra entre estas dos generaciones de dioses, hasta que finalmente los dioses más jóvenes, encabezados por Zeus, arrojaron a los Titanes al Tártaro. La victoria de Zeus y los dioses olímpicos sobre los Titanes, que representaban la fuerza bruta y la violencia, es el triunfo del espíritu y de la justicia y marca el inicio de un nuevo ordenamiento del Universo. Hesíodo relató que después del triunfo, Zeus es nombrado soberano por consenso de todos los dioses, insistiendo en la imagen de Zeus como dios justo y legítimo.











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